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Mi nombre es Andrés Álvarez de la Vega, soy Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Obstetricia, Ginecología y Anatomía Patológica.

A los ocho meses de edad fui infectado por el virus de la poliomielitis, lo que me afectó la extremidad inferior derecha y en consecuencia no comencé a caminar hasta los tres años de edad.

Me sentía diferente, no poder caminar como los demás niños de mi edad me causaba tristeza y un acentuado complejo. Mis padres me llevaron a un sin fin de médicos sin obtener ningún resultado positivo.

El doloroso proceso termino con una prótesis metálica que me colocaron en la pierna derecha, con el propósito de que ésta no fallara al poner el pie en el suelo. En aquellos tiempos no existía la vacuna de la poliomielitis, por lo que no pude contar con sus beneficios.

Al cumplir los ocho años de edad, se acentúo mi cojera debido al crecimiento desigual de ambas extremidades, produciéndome una discreta Escoliosis adaptativa.

Con la intención de frenar la escoliosis, se me intervino quirúrgicamente de la pierna derecha.

Mi vocación por la medicina comenzó cuando tenía cuatro años.

Solo tenía cuatro años de edad, pero no he olvidado el intenso dolor que sentía en la pierna en el post-operatorio. Fue entonces cuando despertó en mí el instinto vocacional, quería ayudar a mis semejantes, quería ser médico.

Paso el tiempo y estudie la carrera de medicina en la Facultad de Medicina de Barcelona, efectuando las especialidades de Obstetricia, Ginecología y Anatomía Patológica.

Mi objetivo era llegar a ser Jefe de Servicio o Catedrático. Pasaron los años y conseguí llegar a ser Jefe del Centro de lucha contra el Cáncer en el Hospital Casa de Maternidad de Barcelona y posteriormente Jefe de la División de Obstetricia y Ginecología del mismo hospital en el año 1986.

En aquella época cuando algún paciente me hablaba de acupuntura, homeopatía, terapias naturales, los escuchaba pero no creía en la efectividad de las mismas. Mientras cursaba la carrera en la Facultad de Medicina, ningún profesor me informo en ninguna de las asignaturas de la existencia de este tipo de medicina.

Fue precisamente en el año 1986 cuando la enfermedad me volvió a golpear duramente  a partir de un un repentino dolor precordial intensísimo transfixiante que se irradiaba hacia la espalda, concretamente hacia la 5ª vertebra dorsal. La intensidad del dolor hacia que me desplomase en el suelo, duraba diez minutos y después desaparecía totalmente.

Pasados quince días volvió a repetirse el mismo cuadro, motivo por el que decidí investigar el origen de la sintomatología, haciéndome un reconocimiento vascular. El resultado de la prueba resulto ser normal. Continué consultando traumatólogos, neurólogos, internistas.

El diagnóstico final fue Dorsalgia secundaria, posiblemente producida por la escoliosis lumbar que padecía. Los dolores continuaron con las mismas características del principio, el botiquín de mi casa se lleno de analgésicos, antiinflamatorios, antineurálgicos, fármacos que me provocaban numerosos efectos secundarios y me aliviaban parcialmente el dolor.

De esta forma pasaron dos años de sufrimiento y frustración, ante una enfermedad crónica que no mejoraba, con un tratamiento sintomático que me producía numerosos efectos secundarios, y solo me aliviaba parcialmente el dolor.

En aquel entonces seguía visitando como ginecólogo en Manresa.

Una de mis pacientes tenía trastornos menstruales, la estaba tratando con hormonas para regularlos. Me comentaba, que mientras tomaba el tratamiento hormonal, el ciclo menstrual se regulaba, pero cuando dejaba de tomarlas los trastornos volvían de nuevo.

Pasó un año hasta que la volví a ver de nuevo, venía para hacer la revisión anual. Le pregunte por sus reglas, me comento que las tenia perfectas cada veintiocho días. Le comente, ves que bien te ha ido el tratamiento hormonal que te hice, a lo que contesto:

– No doctor, no fue el tratamiento hormonal, sino un tratamiento de acupuntura que hice el que me ha regulado la regla.

Mi paciente me dejo muy sorprendido

Por primera vez pensé que a lo mejor un tratamiento de acupuntura, podría servirme para paliar los dolores precordiales que tenía, sin necesidad de tratamiento químico.

Le pedí los datos del acupuntor y me visite con él.

En la tercera sesión de acupuntura la intensidad de mi dolor de espalda se había reducido en un 80%, por lo que pude prescindir de la medicación.

A partir de entonces, mi interés por la acupuntura y el resto de terapias naturales que engloban la Medicina Biológica, surgieron en mí con una fuerza imparable.

En los siguientes años, me forme progresivamente en acupuntura, homeopatía, terapia neural, cromoterapia, biofotón terapia, medicina ayurvédica.

En el año 1987, mientras hacia la formación de acupuntura, me llego la noticia de que un medico austriaco llamado Erwin Scramm, llegaba para dar un curso de Neo-bioelectrónica.

Asistir al curso del Dr. Schamam despertó mi interés.

Con este motivo, en ese mismo año viaje a Viena para visitar al Dr. Schamam. Le pedí que me testara con su método neo-bioelectrónico, después del test me comento que mis precordialgias no eran debidas a la escoliosis vertebral, sino a un foco dental fuerte.

No podía salir de mi asombro, no tenía síntoma de ningún tipo en la boca, los controles periódicos que me hacia el odontólogo eran normales. Siguiendo las indicaciones del Dr. Schramm me hice una ortopantomografia, mi sorpresa fue mayúscula cuando en la prueba apareció el cordal 18 incluido.

Mi odontólogo nunca me había sugerido hacer esta prueba. A posteriori me puse en contacto con un compañero de curso, cirujano maxilofacial. Al revisar la ortopantomografia me pregunto si la muela del juicio me dolía, le dije que no, que lo que tenía era un dolor crónico transfixiante que irradiaba a la 5ª vertebra dorsal.

Me comento que esa relación no estaba científicamente demostrada, a lo que conteste que me daba igual. Le pedí que me lo exodonciara y así lo hizo.

GRACIAS A DIOS se acabaron los dolorosos problemas debidos al cordal 18, un guerrillero que disparaba en una zona de mi espalda sin dar ningún síntoma.

Lo que yo no sabía en aquella época y el cirujano maxilofacial tampoco, era que la odontología neurofocal incluida en la Medicina Biológica alemana, ya conocía las relaciones energéticas entre los dientes y el resto del organismo.

Estas vivencias cambiaron por completo mi visión de la medicina.

Los médicos tenemos una formación puramente basada en la materia. Todo lo que es energía, llamémosle cuerpo electromagnético, no existe para la medicina convencional, sin embargo la medicina Biológica si la contempla.

Desde el año 1988 mi visión de la medicina abarca la unión de la medicina convencional y la medicina biológica, bajo la denominación de Medicina Integrativa.

Lo más importante para el paciente es tener a mano tanto la medicina convencional como la biológica. En este sentido la organización mundial de la salud (OMS) tiene las ideas muy claras, aconsejando integrar ambas medicinas en los sistemas sanitarios.

Estos criterios están actualmente en marcha en países como, Estados Unidos, China, Alemania, Portugal, Inglaterra y México.

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